• By Yelitza Iriarte
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  • 26 de October de 2026

Fe con Capricho

Cuando creía que era Su voluntad… y era solo la mía. La historia de cómo aprendí a escuchar, rendirme y florecer “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.” – Proverbios 10:22 Había una semilla en mí… pero no sabía que necesitaba dirección divina para florecer. Siempre tuve un […]

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Mi historia: Cuando el Espíritu Santo entró por mi clóset…

Mi nombre es Yelitza Iriarte Páez, y quiero darte la bienvenida a este espacio que nació desde el quebranto… y floreció por obediencia.

Llegué a Miami desde Venezuela con el corazón roto. Dejé atrás a mi familia, a mi hogar y a mi hija de apenas un año. Llegué sola, sin conocer a nadie, cargando una maleta de sueños y un alma invadida por la tristeza.

En medio de esa transición, me tocó empezar desde lo más bajo. Trabajé como housekeeping en la cadena hotelera más importante de la ciudad, el Marriott, haciendo horas extras, incluso domingos. Mi cuerpo servía, pero mi alma se apagaba. Llegaba a casa y el desorden no era solo físico: vivía un caos emocional y mental. Sin fuerzas. Sin ánimo. Vestía con lo que podía conseguir en tiendas de ropa usada. Estaba sobreviviendo.

Pero entonces ocurrió algo que cambió mi historia: el Espíritu Santo entró a mi vida… y lo hizo por mi clóset.

Sí, literalmente.

Un día, sin planificación ni fuerzas, sentí un impulso divino que me llevó a abrir mi clóset y empezar a sacar todo aquello que no aportaba nada positivo a mi vida. Ropa, recuerdos, cargas… cosas que parecían inofensivas pero que reflejaban mi dolor y mi falta de identidad.

Fue así como el Señor comenzó a poner orden en mi exterior… y a la vez en mi interior.

No solo solté objetos: solté personas, patrones, heridas.

Aprendí a dejar ir, a escuchar la voz de Dios y a obedecer, aunque doliera.

Poco a poco, fui organizando mi casa y mi alma. Empecé a buscar más de Dios, a entender que el orden es una forma de adoración, que la limpieza no es solo física sino espiritual. Y fue allí donde nació esta frase que hoy sostiene todo lo que hago:

“Cuando obedeces, floreces.”
Hoy no solo soy organizadora de espacios. Soy testigo de que una vida en obediencia puede florecer incluso en tierra seca.
Dios me dio una segunda oportunidad, y ahora quiero ayudarte a ti a encontrar la tuya.

Este blog es mi ofrenda.
Es mi altar de gratitud.

Y es también un mapa que puede ayudarte a ordenar tu vida, desde el alma… hasta el clóset.

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